domingo, 21 de diciembre de 2014

Espada



"Mi pajarito quiere conocer tu nidito" fue uno de los mensajes más perturbadores que recibí, y así fue como me avisaba que quería hacerme una que otra cosa. Qué va.

Ni siquiera recuerdo por qué la casa estaba sola ese día, solo recuerdo que llegó bañado en sudor luego de cruzar media ciudad en su bicicleta bajo el sol de medio día. "Ni creas que te me vas a acercar así de sudado" le dije y lo mandé a darse un baño.

Una vez que salió le permití acercarse... No fue la mejor de las visiones, vamos a ser francos, que ya les he dicho que el muchacho en cuestión no me parecía atractivo. Sin embargo, poder tocar su cuerpo, poder sentir eso que ocultaba su ropa... 

Su cuerpo era basto: ni muy delgado ni muy gordo; como quien dice "hay de donde agarrar", y me resultaba difícil quitar mis manos de él. Mi cuerpo temblaba con la emoción de quien no sabía qué esperar, después de todo hacía ya algún tiempo que no tenía sexo. 

Mucho me temo que este relato no será tan sórdido como sé que ustedes quisieran: ha pasado ya algún tiempo y los detalles no permanecieron en mi memoria. El acto se consumó como fue debido, si bien ninguno de los dos logró terminar (principalmente por mi culpa), pero al menos yo puedo decir que disfruté estar con él.

Se bañó de nuevo y se fue para su casa. Yo, por más que me bañé no lograba quitarme su olor, el olor a sexo. Eso me hizo recordar, unos años atrás, la primera vez que R y yo estuvimos solos: tenía el mismo sentimiento que no logro definir, pero es como dejar atrás una barrera que no podremos volver a cruzar. 

Ese mismo día elegí para comenzar a ver una serie que Oyieth me recomendó, Please like me. Básicamente, trata de un chavo hetero muy socially awkward que un día descubre que es gay, así que tiene que aprender cómo moverse en una sociedad como la homosexual.

De alguna forma me sentí identificado con el protagonista: ambos estábamos viviendo una adolescencia en los inicios de la edad adulta, ambos nos enfrentabamos a algo que era totalmente desconocido. En mi caso, tras vivir una pubertad encerrado me enfrasqué en una relación tormentosa de tres años y medio; lo que estaba viviendo en ese momento era lo que la mayoría de las personas hacen cuando son más jóvenes!

Ahora estar con él era una oportunidad para relacionarme de maneras diferentes a las que había probado, así como de probar cosas que nunca había hecho. Por ese motivo, le dije que pasaramos San Valentín en un motel.

Primero fue un poco incómodo, porque todos sabemos que dicha fecha tiene una carga muy fuerte. Y, cierto, aún no éramos nada, pero una parte de mí deseaba celebrarlo a la manera tradicional: cena, regalos, chocolate, etc etc. Por otra parte, el morbo era muy fuerte, pues nunca había estado en un motel y no sabía qué pedo.

Evidentemente acabamos en el motel.

Yo ni siquiera sabía dónde habían! Solo ubicaba uno frente a la estación de camiones y hueva de caminar hasta allá. Esperaba que él supiera, y de hecho sí... Bueno, más que saber de uno, ubicaba la zona; pasamos frente a unos cuantos hasta decidirnos por uno.

Como yo soy una niña miedosa le dije que fuera él a averiguar qué pedo; él me dio un madrazo y entramos juntos. Creo que nos cobraron 100 pesos por dos horas y junto con la llave nos dijeron “procuren solo destender una cama para que la de limpieza sepa cuál cambiar”. So classy.

Era un cuartucho… Y ya! Obvio: era un motel barato y no podíamos pedir mucho, pero ni agua caliente tenían! Creo que mínimo eso tendría que tener… Pero tenía dos camas grandotas, bien cómodas la verdad; en ese sentido estaba bastante bien, si uno quería dormir había comodidad, si iba por otras cosas… Pues igual!

Él se acababa de hacer un tatuaje: el conejo de Alicia en el país de las maravillas en la espalda y yo estaba obsesionado con verlo. Le quité la camisa y en seguida me fui hacia ahí… Ouch ouch! Aún le dolía. No tocar, está bien.

El resto, lo de siempre: mi boca por ahí, mi boca por ahí; caricias, abrazos: yo me hacía bolita en su pecho desnudo para sentirlo cerca y ahí es donde me quería quedar, abrazado, queriéndonos. Pero el protocolo exigía otras cosas, así que saqué el lubricante y los condones.

Creo que el sexo no me gusta tanto como debería.

No sé… Se supone que debería ser todo diversión y placer, pero a mí solo me duele. Ouch ouch ouch, más cuidado! Y pues eso… Lo aguanté un rato, pero para mí es más un “tengo que hacerlo, le tengo que gustar” que un “estoy disfrutando esto”, y por lo mismo pues no se pudo quedar dentro. Probamos muchas posiciones y nada, al cabo se frustró y lo dejamos por la paz.

En el baño había un Rosa Venus, así que aún con agua fría me bañé: tenía que dejar en claro que había estado en un motel. Terminé y fue su turno, pero no sé con qué motivo me regresé al baño solo para encontrarme con él masturbandose, como para darme más vergüenza. Me acerqué a él y le pregunté si quería ayuda; comencé a besarle la espalda y ouch ouch ouch aún está sensible el área! Está bien, me mantendré lejos.

Quizá con el tiempo lograríamos que lo disfrutara más, quizá cuando llegásemos a tener una conexión más íntima. Pero ese no era el momento y no tenía por qué apresurar las cosas: todos estaba saliendo bien y, a diferencia del conejo, yo no tenía prisa por llegar a ninguna parte.


1 comentarios:

Alex dijo...

Pues que ni que, si no re gusta no te gusta y ya. Claro que no es fuerza a hacerlo, pero si quieres lo puedes hacer para complacerlo. Si no, pues hay otras cosas que hacer. Lo malo es que aun con la persona adecuada, hay veces que nomas no se puede disfrutar...

 
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