martes, 20 de octubre de 2015

Show me love

Hola! No les pasa que cuando empiezan a trabajar la vida se les va en quincenas y cuando se dan cuenta ya pasó un mes? Bueno, y si eso lo hacen mientras toman un curso en línea o se vuelven adictos a jugar Mafia, entenderán por qué dejé pasar un mes entre la entrada anterior y esta.

Y rayos, tenía la esperanza de terminar con esa historia en este post, pero creo que tendré que tomarme al menos uno más. Bueno, mejor continuo.

Cuando digo que "me fui a la chingada" me refiero a que me fui hacia algo a sabiendas que me iba a hacer mal. En este caso, si mi novio estaba tan deseoso de dejarme a un lado, ¿por qué no dejarlo? Pues por que coño, si ya dijimos el "seamos novios", yo no estoy dispuesto a dejar que al primer problema todo se arruinara!

Así que tomé mis dos camiones hasta el otro extremo de la ciudad para ir a averiguar por qué mi novio de 30 años me había dejado de hablar. Ridículo, ¿qué no?

Aprovecho para contestar las pregunas de mi querido amigo Oyieth (por cierto, ¿ya leyeron su cómic? Está bueno, y prometió que me iba a invitar una cerveza si lo mencionaba aquí). Evidentemente si ya había iniciado una relación con él es por que creía que iba a funcionar.

Por desgracia, pronto descubriría  que lo que yo había asumido de él era un error, y con el tiempo me di cuenta de eso; de haberlo sabido conscientemente ni siquiera hubiera iniciado algo serio con él. Pero pues en ese momento yo no sabía, y estaba dispuesto a componerla aunque sea a base de madrazos.

Así que llegué a su casa y entré como una ráfaga. Él estaba acostado en su hamaca, viendo la tele; la apagué y me senté junto a él.

"Qué pedo?" le pregunté.

Y entonces comenzó. No recuerdo del todo la plática, pero sí recuerdo cómo me acusaba de tener mis prioridades puestas en otro lado.  Él decía que yo en lo que tenía que estar concentrado era en terminar mi tesis y buscar un trabajo, pero que en lugar de eso me entretenía más yendo a bailar con mis amigos o cayéndole de sorpresa.

La idea central es que tenía que madurar, y obviamente mi mejor arma contra eso fue ponerme a llorar. Estaba tan... enojado con todo. Quiero decir, tenía 23 años! Claro que quería salir con mis amigos, claro que quería ver a mi novio.

Además, como le decía, lo tenía todo bajo control. Es cierto que ya estaba en mi tiempo extra, pero ya tenía todo el cuerpo del documento final, y ya tenía listos mis últimos experimentos. De cualquier manera no podía meter mi proyecto hasta finales de agosto y, hey! Aún no llegaba esa fecha!

Y bueno. Yo no tenía por qué justificar nada, ¿verdad? Pero de cualquier forma le dije que nos dieramos un tiempo de prueba; pasado ese tiempo hablaríamos de nuevo de la relación y decidiríamos si seguir juntos o no.

"¿Tiempo? ¿Cuánto tiempo quieres?"

Le propuse un mes. Me parecía un tiempo adecuado y literalmente tendría un mes para resolver mis problemas más fuertes. Él aceptó.

Bueno, la visita no había salido tan mal, ¿verdad?


2 comentarios:

Alex dijo...

Típico de la tesis: "Si ya tengo el documento casi completo, nomás me faltan las ilustraciones y unas páginas de historia", "Ya nada más me falta poquito"...
Y claro, a esa edad nada que nos interesa la pinche tesis! Lo que queremos es desmadre!

Erik! dijo...

Pues sí, cuando estas con alguien quieres verle, salir, que te llame, no sé ese tipo de cosas... al menos una vez a la semana sin dejar de hacer lo que uno hace. No siento haber llegado a esa etapa de gran madurez para pensar como él... bueno sus razones tendrá.

Saludos

 
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