sábado, 7 de noviembre de 2015

I'd rather be

El trato no duró ni una semana.

La cosa fue así: mi novio me dijo "tienes que terminar de escribir tu tesis!" (también me lo dijeron mi director y mi cronograma, pero ellos no eran tan importantes). Era jueves, lo recuerdo; estaba en mi sala escribe y escribe, escribe y escribe, escribe y escribe.

La verdad es que no estaba avanzando nada. En teoría tenía que estar escribiendo mis discusiones, pero por más que veía mis resultados, ni entrecerrando los ojos tenía algo claro. Claro, los resultados ahí estaban, pero no encontraba cómo justificarlos. Tenía mil artículos, tenía diferentes tesis, pero no tenía nada claro.

Y obvio, me eché a llorar.

Estaba tan, pero tan frustrado, porque mi novio me había hecho creer que si no terminaba mi tesis en ese mismo instante, que si no me titulaba lo más pronto posible, jamás iba a lograr nada en la vida. Pero al mismo tiempo, ese novio no me había ayudado a sentir la confianza de que podía hacer las cosas. Estoy de acuerdo, no era asunto suyo, pero... En ese momento, me sentía como un completo fracaso, empezando por que no podía avanzar en mi maldita tesis!

Así que eso, me eché 5 minutos llorando a solas frente al computador, intentando encontrarle el sentido a una serie de números que no me llevaba a nada. Cuando terminé, me levanté, tomé el celular y vi su mensaje.

"Últimamente me he dado cuenta de que somos muy diferentes, y no me parece que esto vaya a funcionar."

No sentí tristeza, no sentí dolor, no sentí nada de eso. Sentí una pinche furia, porque la persona que me estaba haciendo sentir tan mal no había tenido si quiera el valor de hablarme a la cara, y había tenido que recurrir a un mensaje en el celular para terminar conmigo! Así que de nuevo, apagué todo y crucé medio Mérida para llegar hasta su casa.

Quién sabe qué habré pensado en el camino. En realidad dudo mucho haber pensado en él, o en qué haría, o en nada; seguro estaba oyendo música, pues cuando estoy muy estresado no puedo ni leer. De mi casa hasta el centro son 40 minutos, del centro hacia la suya, como 30: cuando llegué ya había oscurecido. Pasé sin tocar.

Él apagó la tele, y yo solo le pregunté qué pedo. Me respondió lo mismo que en el mensaje. Le pedí mis tenis, le pedí mi camiseta, y me fui. Eso fue todo.

Por un momento pensé que me seguiría, que correría de tras de mí o que me diría algo. Pero mientras más me alejaba, más dolorosamente obvio era que no iba a suceder, y, al doblar dos esquinas después de su casa, rompí a llorar.

Eventualmente llegué al centro de la ciudad y, como es mi costumbre en momentos dolorosos, fui a refugiarme al cuarto oscuro donde  tantas noches había pasado. Ahí fui recibido como de costumbre, sin que nadie supiera mi nombre, sin que nadie esperara nada de mí. Después de mucho tiempo, por fin me sentía libre de nuevo.

Al día siguiente avancé más de la mitad de mi tesis.


2 comentarios:

Manu dijo...

Creo que cuando uno tiene coraje con algo le salen mejor las cosas, o al menos en mi caso eso funciona, me encabrono tanto que hago las cosas para demostrarle a los demás lo bueno que soy...

Te mando un enorme, enorme, enorme abrazo.

Erik! dijo...

Disculpa por lo que voy a decir, pero... qué hijo de puta!!! Detesto a las personas cobardes que no tienen valor de decirte las cosas en la cara... bueno, yo quizás lo fui una vez, pero por ello ahora trato de enfrentar las cosas.

 
template by suckmylolly.com