Trabajo en un cyber, y eso da pie a toda una serie de filosofadas.
Mi gran descubrimiento es que, si hay más de tres personas en el cyber, automáticamente empiezas a odiar el mundo. Eso es lo que causa que, cuando recién estoy abriendo, soy de lo más accesible, y cuando ya voy a salir, casi casi se la mento a todos. Pero hoy fue diferente.
Por la posición geográfica del cyber, va mucha gente... económicamente incosistente, digamosle. De esas personas que no tienen para pagar una computadora, pero sí un celular con mp3, cámara de fotos y de video, juegos, internet, infroarrojo, bluetooth, masajeador de pies y enfriador de bebidas. Eso no me molestaría de no ser que, por lo general, termino siendo yo el que pasa los últimos éxitos de K-laco y Calle 13 (Mägo de oz cuando me va bien) a los celulares.
Y, justamente hoy, llegó una de esas personas, con la pecurialidad de que se traaba de un jovencito. El cabello relamido con gel, los jeans y la camiseta de Metallica revelaban el grupo social al que pertenecía. Con su vocecita me pidió ayuda con lo del celular.
Primero puse mi expresión de "Odio a todos en éste mundo", pero hubo algo en su voz, en su actitud, en su aspecto, que me cautivo, y tuve que ayudarlo.
Al poco tiempo llegó gente, así que no pude hacer ningún movimiento. Dio la hora, le pregunté si había pasado las canciones a su celular, me respondió que sí, y se fue... Me entristeció un poco no haber podido hacer algo, pero estoy bien conciente de que cualquier movimiento en falso podría traerme serias consecuencias (no es lo mismo "Soy gay, acostúmbrate" a "Soy gay y estoy echándote los perros").
El día transcurría normalmente, cuando de pronto una bicicleta pasó frente al cyber. ¿Me engañaban mis ojos? No! Era mi vandalito! ¿La razón de su regreso? Omitió el detalle de transferir las canciones al celular.
Después de darle las explicaciones pertinentes... tres veces, ya pudo hacerlo solito. Estábamos sólos, así que medio le eché el can, pero nada serio. Me gustaría ser menos tímido.
A la hora de costumbre llegó mi jefe-tío. Le expliqué cómo estaban los tiempos y todo, y me fui, despidiéndome del vandalito en el proceso. He ido a ese cyber una vez a la semana por casi tres años, y es la primera vez que me despido de un cliente.
Quien sabe, quizá él regrese el próximo domingo. Y si lo hace, quizá me anime a hablar un poco con él; tendremos que ver que pasa.
Por cierto, en un acto extremo inusual, además del vandalito había otro niño bonito. Se veía como de mi edad o menor, un poco aniñado. Pero tenía una pinche voz que qué bárbaro! Además, con un acento así como del norte o no sé. Fue un lindo día en el cyber.
¿Y Novio? Bien, gracias.
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