El domingo es un día maldito. Cada sábado, antes de dormir, sé que habré de levantarme a las 9:15 de la madrugada (es domingo, por Dios Santo), y arreglarme para estar listo a las 10 de la mañana, momento en el que tengo que venir al cyber.
Trabajar en un cyber puede sonar genial. Implica estar sentado de 10 a 4 frente a una computadora sin más obligaciones. ¿Suena genial, no? No, pues precisamente ahí está la maldición.
Lo primero que descubres es que nadie, absolutamente nadie, se conecta a las diez de la mañana. Eso tiene dos terribles implicaciones: primero, que nadie viene al cyber a esa hora, segundo, que tu msn se encuentra desierto, dejándote sólo y solitario en tu soledad.
Después, por fin! Llega alguien a jugar el Xbox. Sí, civilización! Felicidad! No! No? No, por que viene a jugar Rock Band. Y luego llegan dos personas, tres, Rock Band, Guitar Hero, Gears of War si bien te va, y cuando te das cuenta llevas tres horas oyendo puro ruido y el umbral de tu audición bajó 10 dB.
Junto con el ruido, te das cuente de que no hay nada para hacer. Después de un rato, las opciones se te gastan: los metroflogs son feos, los foros aburridos, los blogs no actualizan. No puedes ver anime por que el ruido no te deja oír, no puedes ver porno por leyes de moralidad. Ni siquiera tienes tu música que te acompañe.
Dios mío, llegué a estar tan aburrido que me puse a revisar los historiales de conversaciones que los usuarios dejaban en las máquinas, con la triste esperanza de encontrar algo que me divirtiese. La respuesta: no! Y si había algo divertido, tantos emoticonos lo hacían imposible de leer.
La cosa cambia un poco cuando hay chicos guapos, más si están sólos. Es entonces dónde sale el matuatama que hay en mí y empieza un show de exhibicionismo bastante cómico (cómico debido a mi ausencia de huevos... ausencia en sentido figurado, porque sé que tengo dos allá abajo). U otras cosas, como andar tomando fotos con mi súper celular, lo que puede ser una actividad sumamente divertida y con cierto grado de riesgo (cómo hoy, que me senté detrás de un chico que estaba parado y le tomé una foto a su sexy trasero. No suena tan riesgoso hasta que notas que tenía que darme totalmente la vuelta para tomarle la foto, dejándome sin excusas razonables).
En fin, descubrí que un leal compañero para mis domingos es Dilbert. Su humor estúpidamente geek hace que se me quite un poco lo amargo de mis días.
Aún así, ya llevo tres años aquí, y estoy seguro de que cuando acabe lo extrañaré. La costumbre, supongo...
Y ahí se va un cliente! Creo que notó que lo estaba pervirtiendo. No importa, sé que regresará_ Gears of Wars ya le ha chupado el alma.
Trabajar en un cyber puede sonar genial. Implica estar sentado de 10 a 4 frente a una computadora sin más obligaciones. ¿Suena genial, no? No, pues precisamente ahí está la maldición.
Lo primero que descubres es que nadie, absolutamente nadie, se conecta a las diez de la mañana. Eso tiene dos terribles implicaciones: primero, que nadie viene al cyber a esa hora, segundo, que tu msn se encuentra desierto, dejándote sólo y solitario en tu soledad.
Después, por fin! Llega alguien a jugar el Xbox. Sí, civilización! Felicidad! No! No? No, por que viene a jugar Rock Band. Y luego llegan dos personas, tres, Rock Band, Guitar Hero, Gears of War si bien te va, y cuando te das cuenta llevas tres horas oyendo puro ruido y el umbral de tu audición bajó 10 dB.
Junto con el ruido, te das cuente de que no hay nada para hacer. Después de un rato, las opciones se te gastan: los metroflogs son feos, los foros aburridos, los blogs no actualizan. No puedes ver anime por que el ruido no te deja oír, no puedes ver porno por leyes de moralidad. Ni siquiera tienes tu música que te acompañe.
Dios mío, llegué a estar tan aburrido que me puse a revisar los historiales de conversaciones que los usuarios dejaban en las máquinas, con la triste esperanza de encontrar algo que me divirtiese. La respuesta: no! Y si había algo divertido, tantos emoticonos lo hacían imposible de leer.
La cosa cambia un poco cuando hay chicos guapos, más si están sólos. Es entonces dónde sale el matuatama que hay en mí y empieza un show de exhibicionismo bastante cómico (cómico debido a mi ausencia de huevos... ausencia en sentido figurado, porque sé que tengo dos allá abajo). U otras cosas, como andar tomando fotos con mi súper celular, lo que puede ser una actividad sumamente divertida y con cierto grado de riesgo (cómo hoy, que me senté detrás de un chico que estaba parado y le tomé una foto a su sexy trasero. No suena tan riesgoso hasta que notas que tenía que darme totalmente la vuelta para tomarle la foto, dejándome sin excusas razonables).
En fin, descubrí que un leal compañero para mis domingos es Dilbert. Su humor estúpidamente geek hace que se me quite un poco lo amargo de mis días.
Aún así, ya llevo tres años aquí, y estoy seguro de que cuando acabe lo extrañaré. La costumbre, supongo...
Y ahí se va un cliente! Creo que notó que lo estaba pervirtiendo. No importa, sé que regresará_ Gears of Wars ya le ha chupado el alma.
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