Ayer en la tarde leía "Cementerio de Animales", de Stephen King, cuando oí un sonido extraño. Al voltear a ver, vi que una de mis gatas se estaba escondiendo bajo el librero.
Qué curioso -pensé- esa gata jamás se mete a mi cuarto.
Me levanté de la hamaca para asustarla, y le grité "Sal de ahí", ante lo cual se terminó de meter. Sólo que, al agacharme para sacarla, la gata no estaba ahí...

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