Compramos boletos de camión para las 2:10 de la mañana, pero resultó ser que era un camión "de paso", por lo que hasta las 3:10 que se dignó a llegar el camión partimos hacia Playa del Carmen. Casi de inmediato nos dormimos, y a eso de las 8:30 de la mañana por fin habíamos llegado a nuestro destino.
Llevaba alrededor de 3 semanas planeando este viaje, y si bien al principio hubo muchos interesados al final solo una amiga, Jelly, se aventó conmigo a visitar Quintana Roo durante el fin de semana largo. Ella solo conocía Cancún, yo medio conocía Playa del Carmen, y pues pensamos que sería una buena forma de desestresarnos.
Así que llegamos, y le digo "podemos pedir un taxi... O nada más vagar por ahí". Y pues enmaletados nos pusimos a dar vueltas buscando el hostal. La idea era llegar al Yak, un hostal para gente joven que incluso pone un límite de edad (19-34 años) para asegurarse de que haya una vibra cool, pero llegamos y la reja estaba cerrada.
Han de saber que Jelly y yo somos bien tímidos y obvio no nos ibamos a poner a gritar, así que decidimos movernos a algún punto neutral a esperar a que sea una hora más adecuada. Nos fuimos a lo que sería el zócalo de Playa del Carmen donde me sorprendió oír un chingo de pájaros cantando! Yo insisto en que son grabaciones cuyo fin es atraer a los turistas, a mí nadie me va a convencer de que los pájaros de verdad cantan tanto.
Nos quedamos tirados en la plaza, rodeados por las maletas, mientras comíamos los sandwiches que mi mamá nos envió para desayunar, hasta que dieron aproximadamente las 9:30. Entonces fue otra vez cargar todo y caminar las dos cuadras que nos separaban del hostel: esta vez estaba abierto. Entramos y nos pregunta la chava "Hola, ¿tienen reservación?" Ehr... "Bueno, ahorita solo tenemos un cuarto privado que les costaría 600 pesos". Le dijimos que veríamos más opciones y regresábamos.
Revisando hostalworld encontramos uno llamado Che, que estaba a pocas cuadras de donde estábamos. Empezamos a caminar, y cuando nos enfilamos hacia la calle dije "Mira, ese es un bar de yogurth, o sea que... ¡AHÍ ESTÁ LOS OLVIDADOS!", un bar/cantina que amé en mi última visita a Playa. Eso solo podía ser una buena señal, la cual fue confirmada cuando llegamos al hostel y vimos que la fachada era muy cool y que había un par de turistas muy muy guapos.
Preguntamos y sí había lugar: 3 camas en cuartos separados. Mmmm, no estaba mal. El check-in era hasta las 2, pero nos dieron chance de guardar nuestras cosas en lo que daba la hora, así que tomamos nuestras cosas y nos fuimos a pasear por la quinta avenida.
Realmente la quinta avenida no es más que un circuito comercial grandote así que no vale la pena hablar de él. Solo diré que todo está caro, todo, todo, absolutamente todo; de hecho, creo que esa fue una constante en todo Quintana Roo. Además había muchos turistas guapos, guapísimos, llenos de tatuajes, así que Jelly y yo ni sabíamos por donde mirar.
¡La playa! Hace tantísimo que no me bañaba en el mar. El mar de Playa del Carmen poca diferencia tuvo respecto al de Progreso más allá del color: tenía poca profundidad y un oleaje bastante calmado, lo ideal para un baño tranquilo. Ah, bueno, también tenía la gran diferencia de que estaba lleno de turistas! Me arrepentiré por siempre de no haberle hablado al tipo sumamente guapo que estaba solo con su familia, pero es que Jelly y yo ni por accidente ligamos! En fin.
Nos regresamos al hostal y ya nos dieros los cuartos; el tercero quedó pendiente para el invitado sorpresa. Le dije a Jelly que nos bañáramos y nos vieramos en el lobby para ver dónde comer, y pues eso hicimos. Yo conocí a mi primer roomie (estaba en un cuarto de 10 personas), un chilango que vive en Chicago pero que viene un mes a Playa del Carmen una vez al año a echar fiesta. Le pregunté cómo se ganaba la vida y me dijo que es electricista. Dios mío, y yo aquí estudiando una carrera y todo.
Para almorzar encontramos un restaurant de comida venezolana, y me odio a mí mismo porque perdí la dirección: estaba buenísima! Y la cocinera, doña Marielita, un amor de persona. Se puso a platicar con nosotros, decía que casi no le gustaba la comida por ahí porque toda se hace solo por un beneficio económico; no como la suya, que hacía con amor y dicho amor se reflejaba en la comida. También decía que todo lo que hay en su menú le gusta, y que si algo no le gusta nomás no lo pone en el menú. Creo que lo que más me gustó fue cuando dijo "Cuando se hace con amor, hasta lo más sencillito es más que suficiente."
Yo probé una arepa conocida como reina pepiada, que es de pollo con una mezcla de mayonesa y aguacate. La verdad no se me antojó demasiado, pero cuando dijo que era de las más típicas de la región pues decidí probarla, y qué buena estuvo! Según yo es como una gordita mexicana, pero la masa está cocinada diferente. Muy recomendable, en serio. Como se llama "pepiada" pensé que traería pepita, un condimento yucateco, pero resulta que pepiada es un regionalismo para "bonita"; ahí nos contó la historia de por qué se llama así (ese link también trae la receta, por si alguno de ustedes se avienta a prepararla).
El lugar se llama "Mi Kfé" (sí, no es el nombre más lindo) y está en la Av. 10 entre calles 6 y 8; o sea, está una calle después de la quinta avenida. En serio, si tienen chance vayan, está muy muy bueno.
El lugar se llama "Mi Kfé" (sí, no es el nombre más lindo) y está en la Av. 10 entre calles 6 y 8; o sea, está una calle después de la quinta avenida. En serio, si tienen chance vayan, está muy muy bueno.
Terminando le dije a Jelly si quería ir a echar la hueva al balcón de mi cuarto, y pues eso hicimos. Ahí conocí al resto de mis roomies. Dos de ellos eran unos canadienses que NO. MAMES. O sea, otro nivel. Uno tenía un fenotipo muy típico: alto, blanco, rubio. Tenía un cuerpo musculoso, pero no de esos que están hipermarcados, si no de eso que solo tienen chingos de volumen. Y, por si fuera poco, estaba estudiando para ser bombero. Bombero! Yo quería que apagara el fuego de mi pasión (perdón), pero tristemente estaba muy ocupado apagando el de su novia, quién, sin intención de sonar a ardido, no estaba ni la mitad de guapa que él. En fin.
El otro no era tan típico; de entrada, tenía los ojos rasgados. Además era moreno, peeeero. Qué pinche cuerpo se traía! Estaba más flaquito, pero atlético, y él sí estaba muy marcado. Además nos hizo el favor de pasearse por ahí en unos bóxers negros pegaditos y goddammit, baby. Demasiado sabroso el chavo, ahora sí, atinándole a todos mis fetiches.
Otras dos eran unas argentinas que me dijeron "¿Quieres estas papas? Nosotras ya no podemos con el chile, sentimos que nos está quemando la boca!" Las agarré y eran sabritas adobadas. Mi vida.
Durante toda esta plática yo andaba en mi tablet, y vi que un compañero de la fac estaba igual en Playa. Le dije que sacara la fiesta, y me dijo que fueramos más en la noche a 69, un antro gay que está justo en la quinta avenida. "Ya cogí esta noche", pensé. Realmente el tipo no está guapo, pero es una cara conocida, a parte quería conocer el antro así que... Pues había que ver qué tal.
Mientras esperábamos que el invitado sorpresa llegara nos fuimos a dar el rol por la quinta. Ahí descubrimos que en realidad lo que creimos que era el final era la parte media, y caminamos un chiiingo hasta que dijimos "al cabo que ni tengo tantas ganas de conocerla toda". Nos metimos a una playa a tomar el fresco como buenos yucas que somos -y qué visión tan bonita- y finalmente cenamos en Burguer King porque pobres. En eso andabamos cuando nuestro invitado llamó y dijo "pueden venir por mí al palacio municipal?"
Así llegó H con un amigo suyo dispuestos a ir a una fiesta en el Blue Parrot; resulta que esa semana fue el Riviera Maya Film Festival y ese día era la fiesta de clausura con Tropikal Forever. Pero antes teníamos que resolver lo de la cama de H, así que nos regresamos al Che.
Antes de entrar le dije al amigo "oye, es que reservamos una cama para H pero no sabía que ibas a venir, así que qué planeas hacer?" y dijo "no hay problema, yo me regreso a Cancún". Ellos de ahí venían, y según el amigo que las combis salen toda la noche, así que bueno. Pero entonces nos acercamos a ver lo de la cama y que nos dice "ya no hay camas".
Le dije al chavo "pero si habíamos separado tres camas" y él "pues sí, pero llegó tarde y ya di la última". "Pero dejé pagadas las tres! Hasta dejé el depósito de las 3 llaves!" "... ups". H dijo que no había problema, que se quitaría con su amigo, así que nos devolvieron el dinero y ahí quedó. Ahora sí, nos disponíamos a ir a la fiesta y yo, con suerte, al antro.




2 comentarios:
:O!! Por Abraxas, yo necesito vacaciones. Es curioso eso de que la gente de los united tengan oficios y no profesiones. Al parecer la mano de obra es muy cotizada. En la Tv ví reportajes de personas que han dejado empresas, un buena vida, para estar aquí de hippies, ambulantes, viviendo en una situación de la que muchos aquí desean salir, pero a diferencia de nosotros ellos son felices.
Yo espero que te hayas divertido en el antro, y disfruta de tus vacas.
Bye.
@Emil: Cuando tengas oportunidad viaja! No sé de dónde seas, pero seguro hay muchos lugares fantásticos que descubrir. Yo no conocía muy bien los lugares a los que fui, y me encantó la experiencia; como que un estilo de vida así no me molestaría nada de nada, jaja.
Y vacaciones no fueron, que solo fueron tres días, eh?
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