lunes, 7 de abril de 2014

Tulum

Al borde de la muerte, Jelly y yo arrastramos nuestros cansados  cuerpos hacia cualquier lugar para desayunar. Unas empanadas y un chocomilk después, hicimos el check-out (de nuevo nos dejaron resguardar las cosas ahí, bendito sea el Che! El hostal, al menos) y nos dirigimos hacia Tulum.

Pues bien, donde H tomó su van hacia Cancún salían las que van hacia Tulum y por solo 40 pesitos empezó nuestro viaje. Yo estaba dispuesto a ver todo el camino, pero más tardé en sentarme que en dormirme, y fue hasta que el conductor nos dijo "hasta aquí llego" que volví a la conciencia. Me limpié la saliva del cachete y nos bajamos.

Aquí tendrán que disculparme, pero yo como buen turista que soy pensé que la van casi casi nos iba a dejar en una pirámide de la zona arqueológica. Grande fue mi sorpresa cuando nos dejó en una ciudad! Una ciudad normal! La calle principal de Tulum es muy bonita, está muy limpia y tiene un chingo de restaurantes de comidas típicas de otros estados e incluso uno de comida francesa. También vi en los postes anuncios de fiestas en bares y esas cosas; se ve que tiene muy buen ambiente. Tristemente no pudimos pasar la noche ahí, pero me gustaría hacerlo en un futuro: según yo es una versión más hippie de Playa del Carmen.

En fin, entramos a un Extra (tienda de conveniencia) porque Jelly NE-CE-SI-TA-BA un Red Bull, y aprovechamos para preguntarle al cajero cómo llegar a la zona arqueológica. "Cualquier taxi los puede llevar", nos dijo, pero yo ya había oído que el taxi cobraba 70 pesos y dije "para qué pagar un taxi si podemos caminar, además ahí se ve el mar, ¿no?"

Pues bueno, tras caminar 5 minutos y una observación un poco más cuidadosa, nos dimos cuenta de que lo que nosotros pensabamos que era el mar en realidad era un letrero del Riviera Maya Film Festival. Pero es que era tan azul! Entonces Jelly por fin recurrió  a la tecnología: sacó su celular y revisó el mapa: estabamos a unos 4 kilómetros, y si bien es una distancia perfectamente caminable le dije "Sabes qué? Soy turista, tengo dinero: paguemos un taxi"

Ahora, una vez que llegamos nos ofrecieron tres tipos de tours; si bien era turista, era turista pobre, así que elegimos ir por nuestra cuenta. Nos dieron un mapa y jalamos. Ahora, desde la entrada de lo que, digamos, sería el parque de Tulum, hacia la zona arqueológica propiamente dicha hay una caminata de 5 minutos; hay suficiente sombra, pero aún así odiamos a los que tomaron el tour y les dejaban ir en trenecito.

Llegamos a la zona, y nuestra poderosa IFE nos dejó pasar gratis (los domingos todas las zonas arqueológicas ofrecen entrada gratuita a los mexicanos).

Tulum es hermoso.

En serio. Chichén Itzá es majestuoso, pero quitando la selva que hay en torno a la zona, hay muy poca vegetación. Tulum, por otra parte, es un sitio sumamente verde; además, su posición en la costa hace que haya muchísimo viento. Por lo mismo, tiene un montón de vistas increíbles, y Jelly y yo aprovechamos para tomar un chinguero de fotos.

Además hay algo muy chistoso: está lleno de toloks. Pero lleno lo que se dice lleno. "¿Qué es un tolok?", se preguntarán ustedes, gente no peninsular, y les respondo: el tolok es una lagartija. Lagartijota, mejor; que está grande el animal. Recuerdo que incluso un chico que vino de Zacatecas nos contó que la primera vez que vio uno, caminando tan campante por mi facultad, se asustó.

Como sea, ver tantos toloks me hizo divagar mucho: concretamente al primer día de noviembre. Estaba en el restaurant La Parrilla, en el mero centro, cuando alguien dijo "Sí, como esas iguanas gigantes que vimos". Yo le dije "no son iguanas, son toloks" "¿Cómo?" "Sí, toloks" "¿Me lo puedes escribir para que lo cuente ahí?" Me pasó su celular y lo escribí. Prosigamos con la historia.

Nos hemos cansado chingos de caminar! Es que la zona es muy grande, y a parte había un chingo de sol. Pero, por fin, llegamos a las escaleras para bajar a la zona de la playa! Bajamos y nos dimos cuenta de que no había dónde cambiarse, así que habría que regresar a los baños. Volvimos a subir cuando me dice "No mames, te di mi celular?!"

Obviamente no lo traía yo, y si ella tampoco solo podía significar una cosa. Pero ni siquiera tenía sentido, lo traía en la mano! El problema fue que traía su toalla y el cel, entonces creemos que alguien se lo jaló y no se dio cuenta, pero qué coraje! Por más que anduvimos buscando no apareció el celular.

Le pregunté si quería que nos fueramos, pero me dijo que no, que pues ya andabamos ahí. Proseguimos con la búsqueda de baños: yo recordaba que los baños estaban en la entrada, y cuando llegamos al camino vimos que a la derecha era la entrada y a la izquierda la salida. "'¿Qué hacemos, vamos a ver si podemos salir por la entrada, o vamos directo a la salida?" Creo que el sol nos había cocido el cerebro, porque decidimos ir a la entrada, y tras caminar, caminar y caminar llegamos a la entrada solo para confirmar que, exactamente, es solo la entrada.

Ahora, no es que la zona sea tan grande, pero había un chingo de sol y estabamos bien cansados, así que el viaje hacia la salida se nos hizo eterno. Aparte teníamos un buen de sed, y teníamos la esperanza de que en la entrada de la zona hubiera alguna tienda pero no! Vimos los baños, pero ella propuso ir primero a buscar algo de beber. Así que de nuevo, hubo que caminar esos 5 minutos mientras veíamos a la gente feliz que se iba en el trenecito; malditos, mil veces malditos.

Pero bueno, encontramos una tiendita y, aunque obviamente todo estaba caro, no se me hizo tan caro pagar 25 pesos por un powerade. Así que aquí les dejo un consejo: si van a Tulum, compren bebidas antes de ir a la zona, no quieren regresar hasta la entrada solo para comprar un agua! Nos sentamos como 15 minutos y nos fuimos a buscar los baños que estaban en un mercado que había ahí.

Los pinches baños estaban hasta el fondo y, de encima, nos cobraron 5 pesos. Pero ya estaba ahí, y como le dije "no estoy dispuesto a averiguar si los de la zona son gratis o no", así  que aprovechamos para cambiarnos. Más tarde descubrimos que sí, efectivamente, los que están en la entrada de la zona son gratis, así que el segundo consejo es que usen esos baños, siempre.

Después nos enteramos que el boleto del trenecito cuesta 20 pesos, y ella me dijo "Por favor, por favoooor, podemos tomar el trenecito!?" y yo "bitch please, ya estoy comprando los boletos!". Al hacerlo descubrí que el boleto es de ida y vuelta, así que tercer consejo: vale totalmente la pena. Quizá para la ida no tanto, pero para el regreso es una bendición!

Volvimos a entrar, volvimos a mostrar la IFE, dimos una vuelta muy rápida tomándonos fotos en ciertos lugares y chidos y, ahora sí, el mar!

El mar de Tulum es precioso! De nuevo tiene un color azul incomparable, y además tiene un oleaje bien chido, porque sin ser muy intenso te permite andar jugueteando en las olas que, si te descuidas, te arrastran. Yo me pasé a ahogar dos veces :D Yo soy muy niña y me quedo en la parte más bajita, así que todo mi traje de baño se llenó de arena! Pero Jelly es más valiente y andaba más al fondo y pues no le pasó nada; supongo que no es tan peligroso.

Todo el tiempo seguía en mi cabeza la imagen de los toloks.

Abajo, en la playa, no había señal, así que con el pretexto de ir a contestarle un mensaje a una amiga subí las escaleras, tap tap tap, hasta arriba. Escribí rápidamente "Hola, acabo de ver como ochomil toloks y me acordé cuando pediste que te lo escriba. Cosa rara. Saludos desde Tulum" y volví a bajar, tap tap tap, rápido, tap tap tap, antes de que mi mensaje se abriera camino hasta su destino.

Entonces llegué al mar y le dije a Jelly "Por ser jóvenes y no tener que afrontar nuestros problemas!!!!"; ella no entendió de qué hablaba pero aún así nos dimos un high five y empezamos a hacer bulla: nos lanzabamos hacia las olas, jugabamos a ver quién se arrastraba menos, nos aventabamos agua, arena... Creo que no me había divertido tanto en el mar desde que era niño.

Le había dicho quitarnos a las 4 para seguir nuestro itinerario, pero llegada la hora le dije "Cuándo vamos a volver a Tulum?", así que nos quedamos hasta las 4 30; ahí ya tuvimos que salir porque todavía había que cambiarnos y alcanzar el último tren, tomamos un taxi, y luego la van hasta Playa del Carmen. Durante todo este trayecto, el foquito rojo de mi celular se encendía y se apagaba; yo, sabiendo qué es lo que me esperaba, lo ignoré.

En Playa solo nos fuimos un momento al hostal a recuperar las cosas y nos regresamos al paradero de las vans, donde por 30 pesos tomamos la que nos llevaría a Cancún. Intenté permanecer despierto, pero por más que lo intenté me morí a medio camino. Al llegar, H fue por nosotros y nos llevó a su casa, donde por fin me armé de valor para leer el mensaje de Chico Sonora.

Pero ya, chale conmigo. Le sigo en la próxima entrada.

1 comentarios:

Alejandro Rivera dijo...

Te odio bitch, quiero ir a la playa mil.

 
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