lunes, 19 de enero de 2009

En el ejército


Cuando todo niño mexicano cumple los 18 años, es momento de uno de los sucesos más desesperantes, decepcionantes y desmoralizantes de su vida: el servicio militar.

El proceso inicia el año que uno cumple 18. Los niños responsables (o con padres responsables) lo empiezan a preparar todo desde inicios del año, para evitar largas e interminables colas. Los no responsables, como yo, lo ven todo una semana antes, sólo para que les digan "están mal sus fotos" (léase con la voz de "Ross" en Monsters Inc.) y tengan que regresar tres días antes de que se cierre para enfrentarse a LA santa madre de todas las filas (la cual pude evitar gracias a un error de comunicación entre Madre y yo, jeje)

Una vez registrado, te dan una fecha para una plática de lo más aburrida acerca de... algo. La verdad no recuerdo, sólo recuerdo te dan más fechas para seguir con el divertidísimo trámite.

Después de eso, te toca el momento más emocionante de todo el trámite (y no es sarcasmo, en verdad es una avalancha de emociones). Yo relaté antes como viví mi experiencia, pero si te da pereza leer voy a consentirte: tienes que ir a un auditorio con todos los conscriptos de la generación (los que se inscribieron). Hacen un sorteo que tarda un chingo y un poco más -especialmente porque a los conscriptos les encanta interrumpirlo haciendo olas y demás cosas inteligentes-, y el cual decidirá tu destino: bola negra, no haces servicio y eres feliz; bola blanca, haces servicio y lloras. Yo saqué una hermosa bola negra.

Y la última etapa es ir a encuadrarte a alguno de los cuarteles disponibles; aquí son dos, el de milicia y el de aviación. Esta etapa es la única en que tienes contacto con los militares, que son bien agradables todos (este sí fue un sarcasmo).

Apenas llegué vi al único soldado amable, uno que me explicó como debía llevar mis papeles y charlo un poco con Padre (por que soy nena y mi papi me llevó). Me dijo que entráse y preguntáse dónde estaba la mesa de registro. Error.

Llegué a un grupo de cuatro soldados y le pregunté a uno dónde estaba la mesa. Su respuesta fue: "No sé, no sé, no me importa nada de tu bola negra, tu bola blanca, déja de molestar"... a lo que yo respondí con un gracias y le pregunté a otro soldado :) Al final me respondió el soldado malo del principio.

Vi una cola y asumí que esa era donde debía yo estar. Pude ver como andaban intimidando a unos tipos adelante, pero no oía muy bien que onda. En lo que sí me fijé fue que iba saliendo un tipo gooordo de la parte de bolas blancas y no pude evitar pensar "A ese amigo se lo va a llevar la chingada..."

Avanzó la fila, sólo quedaban dos tipos delante mío. Al primero, cuando se acercaba a la mesa, le dijeron "Dije que IFE en la mano, ¿verdad? ¿No está en tu mano? No chingues, regrésate a la fila." Un tipo delante, quien tardó un momento en sacar sus papeles y le dijeron "Ay, vete al final de la fila a preparárte" (...).

Pero su desgracia fue mi bendición, pues me ahorraron tiempo. Pasé a la mesa (con mi IFE en la mano y los papeles listos). Ellos hicieron el resto del trabajo.

Junto a mí estaba la mesa de bolas blancas, y al tipo que estaba ahí le dijeron "A ver, aretito, cuando entras a un lugar lleno de hombres masculinos, te debes quitar toda tu joyería. ¡Anda, quítatela! Te la vuelves a poner allá afuera. Y te pones tu bolsón y tus lentes. Y te vas a la Itzaes a esperar a tus clientes (Itzaes es una avenida conocida por su población de sexoservidores)". Yo moría de risa, pero no quería reírme: era muy arriesgado.

Y así acabaron mis aventuras en el ejército. En diciembre debo regresar por mi cartilla liberada y ya no me volveré a enfrentar con ellos jamás... o eso espero.

Una amiga dice que el servicio es algo que todo mexicano debe hacerse, que ella lo haría si pudiese, que no debemos ser corruptos para que nos toque bola negra y demás mierda. Yo digo que si a ella le tocase hacerlo: a)le daría extrema hueva ir los sábados, b) regresaría a casa llorando cada vez que uno le grite.

Si fuese algo de verdad útil, como servicio social o algo así, estaría mejor. Igual me daría hueva, pero bueno, al menos diría que no despercio mi tiempo. Pero verdaderamente el servicio es una pérdida de tiempo, y esto me lo comprueba. Es sólo un pretexto para levantarte los sábados a las 6 de la mañana e ir a que te grite alguien. Si claro, forjará muchas cosas buenas, pero yo paso esta vez, gracias.

Aunque claro, si tuviese que hacer el servicio con cualquiera de los soldaditos que ilustran esta entrada, no me lo pensaría mucho. ¿Quieron otro?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

yo me libre por meses del servicio militar obligatorio, lo quitaron a partir de mi año.

sino le hubiera guiáo un ojo a un soldao a ver si no me llevaban a la mili... aunque con estos personajes joder...


*tengo un amigo que se harto de tener sexo en la legion en Ceuta :S

Juan Carlos dijo...

jajajajajaja

esta padriiiiiiiiiiisma tu experiencia en la army... aunque te diré que es un crimen no haber cantado la canción de village people
jajajaj

saludos

 
template by suckmylolly.com