El martes por la mañana nos fuimos a conocer Cholula, un pueblo que está a aproximadamente 3 minutos de la capital. Pero es un pueblo aparte, ¿eh? Es un lugar muy muy lindo pero tiene un gran defecto: todo está hacia arriba.
Primero hay una gran cuesta que tienes que subir para llegar a un descanso (o algo así). De ahí te siguen otro montón de escaleras (que inteligentemente decidí subir corriendo) para llegar a la iglesia donde hay, adivinaron, escaleras, aunque ahora menos, para llegar a un mirador. De nuevo, mi pobre cuerpecito peninsular no está hecho para esos excesos.
Eso sí, la iglesia es hermosa. Ahora no recuerdo cuál es, por que según se llama de Nuestra Señora de los Remedios, pero aparentemente veneran a María Milagrosa... o algo así. Es tan importante que, primero, no te dejan tomar fotos para que no haya réplicas. La imagen está en un cuarto que tiene circuito cerrado y, cuando no está abierta al público, solo un mayordomo puede entrar, que es quien se encarga de cuidarla; este mayordomo cambia cada año y es un cargo muy importate; impresionante todo. La explicación estuvo a cargo de un policía que estaba así o más rico, bendito lugar.
Como sea, la verdad es que con todo y lo cansado que es la subida es divertida, especialmente si no eres el que tiene peor condición física del grupo. La iglesia es hermosa y además la vista desde arriba es impactante.
Terminando nos fuimos a visitar las ruinas de la pirámide de Cholula, Tlachihualtépetl (pfft con los nombrecitos). Esto consiste, primero, en un montón de pasadizos que eran apenas más altos que yo, al grado que mi mamá la claustrofóbica no pudo entrar. Aún así es chido entrar y sentirte un arqueólogo explorando ruinas (en las de por acá casi no hay lugares a los que puedas entrar, así que es un cambio). Luego sales y ves las ruinas de otras partes y otra pequeña pirámide: así es, ¡más escaleras! Acabé medio muerto.
Bajando pasó algo adorable: había muchísimas ardillas! Y las alimentamos con cacahuates! Las ardillas comían de tu mano! Casi lloro de felicidad. Luego me compré un helado sabor "Beso de Ángel" que estaba tan delicioso como el chavo que me atendió.
Y acá tengo que abrir un gran paréntesis: Los hombres de Puebla son muy guapos. En serio, en la capital tienen una mezcla de chacal con gente bien que es muy atractiva creo que para todos en general, no solo para mis gustos chacales. Y en los pueblos está mejor, por que ahí son más chacales que gente bien pero siguen siendo guapísimos! En serio, me quedé extasiado en ese lugar, y es un buen motivo para regresar. Y, además, me da la impresión de que están bien cargados. Me baso únicamente en dos casos, pero como sea, si quieren ver hombres guapos vayanse a Puebla. Ahora, no sé si la fama de los pipopes sea cierta, pero con que me consienta poquito me basta. Sigo con el viaje.
Terminando la visita a Cholula visitamos la plaza Angelópolis. Jamás me había sentido tan pobre, naco y miserable como cuando entramos. En serio, si llegas por el estacionamiento, te recibe pura tienda cara y unas decoraciones espléndidas: hasta las paredes del baño son imitación de madera; bien fino todo. Ya después te vas a otra parte y es como cualquier centro comercial, pero esa primera impresión me traumó. Pero aquí lo importante es que llegamos al hotel hasta las 6 de la tarde y cualquier plan de salir por mi cuenta se arruinó por que estaba oscuro ya y no me iba a ir solo. Tristeza mil.
Supuestamente iba a ver a un amigo que igual fue a Puebla, pero me dijo que su plan para la noche era ir a visitar a los papás de un amigo, así que dije sale bye y me quedé toda la noche viendo tele como la gordita que soy. Y es que en los días de clases hago tantas cosas que, cuando llegan las vacaciones tengo muchísima energía que quemar, y quedarme en el hotel me mata. Ni modos.
El miércoles visitamos dos pueblos. El primero, Tepeaca, es donde se adora al niño doctor. La iglesia es muy linda, pero lo más impresionante es ver la gente que llega. Supuestamente el Niño Doctor cumple milagros de sanación, así que ver a todos ahí pidiendo por sus enfermos fue muy fuerte para mí.
Además, como es temporada de fiestas afuera había un montón de puestos de chucherías y se veía que iban a poner juegos mecánicos y así. Se veía bien animado el pueblo, y de nuevo había hombres guapísimos; lo único malo es que no está tan cerca de la capital como para ir nada más por ver esa iglesia.
Por eso igual nos fuimos a Tecali. Este es conocido pues trabajan con ónix y mármol, así que por donde vayas encontrarás tienditas que tienen desde chucherías (yo me compré dos esferas por que eran totalmente circulates! un corazón, un dado y unos pulsitos que en total fueron 75 pesos) hasta cosas bien extravagantes como una tina de baño y una piraña gigante. Bien extraño el asunto.
Olvidé voltearla, sorry bout it.
Además de eso tiene un zócalo muy muy lindo, bien cuidadito con una vegetación hermosa; definitivamente muy lindo para ir a tomar el fresco (ay qué pinche yuca soy). También tiene una iglesia a la que no pude entrar por que había misa y las ruinas de un convento. Ahí almorzamos en un restaurante delicioso, Las Bugambilias, donde había comida muy rica y muy barata, aunque algo lento el servicio. Si llegasen a ir, se los recomiendo mucho.
Y ya con eso le tuve que decir adiós a mis aventuras poblamas. Definitivamente es un lugar hermoso, con una ciudad muy pintoresca, hermosos paisajes, hombres bellísimos, comida riquísima y mucho para hacer. Quisiera regresar pero ahora dedicarle al menos una semana, por que en 4 días haces muy poco. Incluso estoy considerando hacer mi maestría ahí, digo, qué diablos! Es más segura que el DF, jaja.
Después de esos cuatro días emocionantísimos el viernes únicamente salí al OXXO; según me iban a pasear pero fue mentira. Ni al aeropuerto me llevaron! Pero ahora llegaron mi hermana y mi papá, y mañana nos vamos a Six Flags, así que fuck yeah!


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