Ok, no. No soy tan malo.
Primero que nada les debo una disculpa por desaparecerme un mes. Mi situación de trabajo cambió por completo y cuando ya me estaba adaptando me la cambiaron de nuevo y me estoy volviendo loco. Pero como sea, este no es una entrada de disculpas, así que en qué nos quedamos?
Oh, sí. El ogro estaba arruinando mi vida. El servicio social estaba arruinando mi vida. R estaba arruinando mi vida. Seguro que no se puede poner peor.
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A la luz de los hechos, era
evidente que mis avances con el ogro iban en la dirección correcta, pero, ¿era
eso lo que quería?
No lo he comentado mucho pero en
verdad tenía interés en Cherry. Él era todo dulzura y cariño, alguien con quien
podía pensar en tener una relación estable; pero, por otro lado, como
estudiante de medicina dedicar tiempo no era precisamente lo suyo, además de
que acababa de salir de una relación bastante mala, así que quizá no estaba en
momentos de tener una pareja.
Por otro lado estaba el ogro, que
significaba peligro, emoción, intensidad. Con siete años más y un puesto que lo
ponía en un lugar superior a mí, este estricto químico era mi forma de decirle
al mundo “vean lo que puedo obtener”. Sin embargo, al llegar a conocerlo más,
me di cuenta de que era solo un ser solitario pero muy hogareño y con mucho
cariño para dar; cariño que quizá no se expresaba de la mejor manera.
Al principio lo decía de una
manera muy cínica: me quería coger al ogro y luego seguía siendo romántico con
Cherry. Solución perfecta, ¿qué no? Sin embargo, con el pasar de los días la
fórmula se puso al revés, y al que me quería dedicar era al ogro, pero sin
perder la oportunidad de divertirme un poco con el otro.
Y aún así, ¿era eso lo que en
verdad quería? ¿Estaba listo para una relación? Mi corazón se encontraba aún
profundamente herido tras mi fracaso con ChicoSonora, y las cicatrices se
reabrieron tras C+. Se lo dije a una amiga, lo que yo necesitaba urgentemente
era un tiempo para mí, era estar solo y ponerme a pensar seriamente en qué es
lo que esperaba de mi vida. A un semestre de terminar la carrera, era el
momento de hacer planes.
Sin embargo, la oportunidad estaba
ahí presente, ¿y quién era yo para rechazar al amor? Si las cosas se estaban
dando bien no tenía por qué negarme solo porque en el pasado me habían
lastimado... Yo soy más bien de los que se avientan al vacío y luego hacen
preguntas: de ahí la existencia de este blog.
Pero hablando de oportunidades, no
podía perder de vista que en septiembre iba a ser en Mérida el Congreso
Nacional de Química, y, tras el Congreso Nacional de Matemáticas, descubrí que
los congresos eran un buen lugar para conocer gente y a potenciales amores de
la vida! Así que quizá tener un novio en aras de tan magno evento no era la
mejor de las ideas.
Quizás el pensar en esas cosas
mientras intentaba avanzar en una tesis que había sido terriblemente rezagada
no le estaba haciendo nada bien a mi mente. Me sentía un fracaso, mientras más
pensaba en mi futuro peor me sentía y el que no me estuviera yendo nada bien en
el servicio social no estaba colaborando a mi sanidad mental.
Pero al final uno tiene que apostar hacia lo que mejor
posibilidades brinda, y si en los aspectos importantes de mi vida no me iba
bien, quizá ponerme serio con uno de ellos sería lo que me daría algo de
“estabilidad”... Se nota que a madrazos tiene que aprender uno, ¿verdad?
Así fue como llegó abril, y en el servicio hubo una junta de
las diferentes áreas con la directora del laboratorio. Yo estaba en mi área
haciendo cosas útiles como cerrar tubitos cuando el jefe del área y las
químicas llegaron mentando madres.
Resulta ser que ahí, en frente de todo el laboratorio, mi
querido ogro lanzó un ataque directo hacia el área. Acusó a las químicas de
malas trabajadoras, de que los materiales no se hacían de manera que
garantizara su esterilidad, y que directamente lo preparaban mal todo. Que era
demasiado personal para tan poco trabajo mal hecho y que convendría mejor
replantearse el futuro del área. En fin, que casi había declarado la guerra.
Y así, mientras ellas estaban despotricando contra lo mal
químico que era él, yo solo podía pensar que nada podía ser mejor que dormir
con el enemigo. Y, más que eso, que alguien con esa actitud de verdadero cabrón
era lo que necesitaba en mi vida.
Ahora sí era el momento de pasar a la acción. Para eso,
decidí invitarlo a cenar.
4 comentarios:
Uy buenisimo! No te tardes tanto en poner la continuacion!!!
Quiero continuación de esta historia. "Dormir con el enemigo" esas palabras azotaron mi inquitud.
Necesito saber que sucede. No te tardes y animo con el servicio. Te mando un abrazo enorme :3
Entré a este post con promesas de hablar de drag race y en cambio me das una novela de televisa, ush.
My gosh! cuando empecé a leer no esperaba ese final. Ahora espero con ansias esa entrada. :3
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